Ricardo Valenzuela

“Fue un error, me dijo quien pensé era mi amigo. Pero lo verdaderamente cruel fue el darme cuenta de que el error había sido mío, el grave error de confiar en ese falso amigo sin valores ni moralidad”.
Esta es una historia de dos amigos de toda una vida en la que de ellos uno de ellos traicionara al otro de la forma más vil y cobarde y, desgraciadamente, esta es mí triste historia. Nos conocimos de chamacos cuando su familia era vecina de la casa de mi tío Manuel Torres frente al parque Madero, en Hermosillo, donde yo pasaba mucho tiempo con mis primos el Froy y el Peque Torres. Acudimos todos al colegio Regis desde primaria hasta terminar preparatoria. Nos fuimos a Monterrey donde seríamos compañeros de estudios en el Tec de Monterrey, y también compañeros en los diferentes departamentos en los que durante esos años vivimos en esa ciudad, siempre compartiendo otras actividades ajenas a nuestros estudios. Su nombre era Luis Coppel, un verdadero ladrón y traicionero.
Terminamos nuestros estudios y regresamos a Hermosillo. Mis inquietudes me llevarían a la Ciudad de México para iniciar una carrera en el área financiera en el banco más grande de AL en esa era, Bancomer. Tres años después, regresaba a Hermosillo invitado por mi primo Arcadio Valenzuela e integrarme al Banco Ganadero en donde él era director general, así retomábamos la amistad. Supuestamente la amistad se solidificaba cuando se casara con Margarita Silva, quien fuera nieta de una hermana de mi padre, es decir, se mezclaba con mi sangre. Mi carrera en el Banco Ganadero tomaba una gran velocidad presagiando una aventura que sería legendaria. Casi al mismo tiempo él era contratado por los negocios inmobiliarios de Cayo y Agustín Valenzuela, mis primos.




