Monday, August 31, 2026

HISTORIA DE UNA GRAN TRAICION DEL SAPO COPPEL

 Ricardo Valenzuela 

 Sapo S.A. Memorias de un ladrón (TV Series 2022– ) - IMDb

Fue un error, me dijo quien pensé era mi amigo. Pero lo verdaderamente cruel fue el darme cuenta de que el error había sido mío, el grave error de confiar en ese falso amigo sin valores ni moralidad. 

 

 

Esta es una historia de dos amigos de toda una vida en la que de ellos uno de ellos traicionara al otro de la forma más vil y cobarde y, desgraciadamente, esta es triste historia. Nos conocimos de chamacos cuando su familia era vecina de la casa de mi tío Manuel Torres frente al parque Madero, en Hermosillo, donde yo pasaba mucho tiempo con mis primos el Froy y el Peque Torres. Acudimos todos al colegio Regis desde primaria hasta terminar preparatoria. Nos fuimos a Monterrey donde seríamos compañeros de estudios en el Tec de Monterrey, y también compañeros en los diferentes departamentos en los que durante esos años vivimos en esa ciudad, siempre compartiendo otras actividades ajenas a nuestros estudios. Su nombre era Luis Coppel, un verdadero ladrón y traicionero. 

 

Terminamos nuestros estudios y regresamos a Hermosillo. Mis inquietudes me llevarían a la Ciudad de México para iniciar una carrera en el área financiera en el banco más grande de AL en esa era, Bancomer. Tres años después, regresaba a Hermosillo invitado por mi primo Arcadio Valenzuela e integrarme al Banco Ganadero en donde él era director general, así retomábamos la amistad. Supuestamente la amistad se solidificaba cuando se casara con Margarita Silva, quien fuera nieta de una hermana de mi padre, es decir, se mezclaba con mi sangre. Mi carrera en el Banco Ganadero tomaba una gran velocidad presagiando una aventura que sería legendaria. Casi al mismo tiempo él era contratado por los negocios inmobiliarios de Cayo y Agustín Valenzuela, mis primos. 

 

A mediados de los años 70 yo ya había sido nombrado director general del Banco Ganadero y Agrícola, pues Cayo Valenzuela se mudaba a Guadalajara para manejar el proyecto que representaba el paquete de negocios que adquiría de Hacienda. Me tocaría entonces manejar la fusión de Banco Ganadero con los cuatro bancos que formaban el paquete adquirido de Hacienda. Así nacía el nuevo banco Banpacífico ya con operaciones en todo México, del cual se me nombrara director general y me mudaría también a Guadalajara. Como este paquete incluía algunos negocios inmobiliarios, el infame Sapo Coppel también llegaba a Guadalajara con Álvaro Obregón y Rafael Acosta para entre todos manejar el área de bienes raíces.  

 

Como era lógico, nuestra amistad en Guadalajara iniciaba una rara consolidación especialmente cuando, ante promesas incumplidas y malos tratos de parte de Cayo Valenzuela y Nacho Cadena, Coppel iniciaba la formación de un grupo inconforme de víctimas de Arcadio Valenzuela. Con ello el infame ya mostraba su gran habilidad para el chisme, la intriga y destrucción y, con esa misma habilidad, reclutar otros miembros logrando que asumieran su misma actitud de gran víctima por las mismas ofensas, hasta llegar a odiar a sus represores. Ahora, el ambiente era propicio pues las conductas ya irracionales de Cayo alimentaban esa peligrosa hoguera. 

 

Mi relación con Cayo era muy diferente pues éramos primos, su padre y el mío eran hermanos, aunque siendo más de diez años mayor que yo, juntos habíamos aprendido las artes del boxeo cuando yo apenas tenía 12 años y él unos 23, algo que nos provocara esa interacción durante cuatro años que, de alguna forma, fuera algo especial pues entrenábamos juntos en la casa de mi tío Federico. 

 

Finalmente, con la situación del grupo y la de Cayo, por diferentes motivos ambos renunciábamos a nuestras responsabilidades lo que, automáticamente, especialmente yo, nos convertíamos en odiados objetivos de las locuras de mi primo Arcadio al haberle renunciado por desacuerdos importantes, y él había decidido que, a ambos, nos debían destruir con prejuicio extremo. Pero, el odio más grande de Arcadio Valenzuela lo dirigía hacia de la forma más cruel, injusta, irracional. Ese odio enfermizo lo llevaría a destruir mi nombramiento como secretario de hacienda de Sonora en la administración de Samuel Ocaña, un día antes de la toma de posesión. Luego me adjudicaría todos los problemas que él había creado en el banco. Supe, siendo un hombre de una soberbia legendaria, que su histeria fue provocada por haberme atrevido a renunciarle cuando no quise firmar una autorización de un financiamiento autorizado por él.  

 

El infame Coppel, con un plan ya bien estructurado, con gran insistencia me empujaba a unirme a la invitación de su cuñado, Luis Becerril, y mudarme a Tucson para sumarnos a su actividad inmobiliaria que, desde la primera presentación, nunca me convenció ni me llegó a gustar. Sin embargo, ante los inmisericordes ataques de Arcadio Valenzuela, un hombre que en aquellos días era muy poderoso y, sobre todo, algunos de mis “amigos que también me empujaban para desterrarme pues ellos tenían pavor a la sentencia de un dictador, si eres su amigo, eres mi enemigo, o les cerraran las puertas del banco por ser mis amigos. 

 

Todo esto me provocaba una horrible depresión, pero, no de esas que inmovilizan, no, era de esas que provocan respuestas que pueden ser causa de hechos verdaderamente sangrientos. Si en aquellos días yo me hubiera encontrado sorpresivamente con Cayo, puedo asegurar que alguien hubiera terminado en terapia intensiva, y no creo hubiera sido yo. Fue cuando decidí refugiarme en Tucson, cuando menos por un tiempo, y pensar que podría hacer en EU. Tenía bastante dinero producto de la venta de mis casas en Hermosillo y Guadalajara, la venta de mis acciones de Banpacífico, mis negocios ganaderos, una jugosa gratificación que los Elías le exigieran a Cayo me diera y, sobre todo, el ahorro de gran parte de mi ingreso en cuatro años como director general. No tendría prisa. El que si tenía prisa era el infame Coppel y la mostraba. 

 

Así iniciaba mi nueva vida en EU. Mi familia estaba en Nogales por la escuela de las niñas. Por primera vez en mi vida estaba solo y, lo más desconcertante, no solo me gustaba, gozaba inmensamente esa soledad que, cuando no me provocaba salir a cualquier bar, dedicaba ese tiempo para leer, una buena adicción que ya portaba. Pero, cada vez era más intensas mis ganas de retaliación y era cuando me refugiaba en el alcohol. Me había invadido una actitud de que nada ya me importaba, nada me entusiasmaba, había perdido el propósito profesional de mi vida y andaba siempre alcoholizado. En esos momentos, era ya la presa ideal para alguien sin escrúpulos y que se le tuviera confianza, alguien deshonesto, sin valores, sin integridad, y con un hambre enfermiza de dinero que, sin tener los elementos para cumplir ese objetivo decentemente, tienden a lograrlo robando y traicionando. Y lo hacen siempre con premeditación.  

 

Y, lo más triste y dramático, después de tantos años no me había dado cuenta de la clase de peligro que ya me asechaba. Ni siquiera cuando me propuso enviar un anónimo a todos los clientes y consejeros del banco acerca de las actividades fraudulentas e ilícitas de Cayo Valenzuela y de Nacho Cadena. No me di cuenta a tiempo que era un hombre lleno de odios, envidias, frustraciones, que solo pude conectar en la cinta, Tombstone, cuando Doc. Halliday le dice a Wyatt Earp; “cuidado con Ringo porque él busca venganza contra el mundo y carga una gran culpa”. “¿De qué?” Pregunta ahora Wyatt. Le responde Halliday; “culpa y venganza por haber nacido.”     

 

Dese que llegamos a Tucson, yo me di cuenta Coppel había llegado sin nada y, aun así, él ya se había endeudado comprando una casa que no tenía capacidad de hacer los pagos, dos autos también financiados y su ritmo de gastos no era algo para lo cual tuviera capacidad, de forma irresponsable participaba en las sociedades que adquirían terrenos sin tener capacidad de hacer pagos correspondientes, pues se compraban de esa forma. Así es que, desde el primer mes empezaron sus solicitudes para que le prestara dinero puesto que siempre estaba en déficit. Desgraciadamente, tardé mucho tiempo en darme cuenta de que este ladrón me había manipulado para traerme y le sirviera de cajero automático 

 

Pero, lo más increíble es que yo de alguna forma al inicio lo ayudaba pensando era el precio que debía pagar para que el manejara el negocio, pues a mí nunca me interesó hacerlo. Yo pensaba que era mi amigo, que era un hombre honesto, que él podía asegurar que nadie me estafara. Pero, aparentemente era la señal que el esperaba para iniciar su fraude. Ese sería el motivo por el cual este repugnante ser humano llamado, Luis Coppel, se aprovecharía para robarme cantidades muy importantes de dinero. Y, subrayo, muy importantes, porque era un fondo para mis hijas y él lo sabía, pero le importó madre como los buenos psicópatas sin conciencia. Y eso, pinche rata Coppel, no se vale.    

 

Después de varios años de complicadas relaciones que ya sobrepasaban la definición de abusivas con “el infame”, Luis Coppel, y ya teniendo que soportar la invasión de su hermano Carlos y su concuño Julián Moreno. El nivel de peligro se elevaba pues era bien sabido que su hermano era mucho peor que él y su concuño un bandido robos menores, un vividor. Al sentir no había remedio, yo le propuse vender mi parte en ciertas condiciones y, si él no podía cumplirlas, yo le compraría su parte en las mismas condiciones, y él lo aceptaba ese trato. Yo rezaba para que él comprara pues a mí no me interesaba. Pero, la realidad era que ellos ya habían iniciado el proceso de traicionarme y quedarse con todo. El no pudo con las condiciones y traté de hacer efectivo el compromiso de su parte para vender. Ante mi sorpresa, de forma descarada se negó a cumplir el acuerdo y procedió con su traición. 

 

Unas de las ultimas sabias decisiones de mi socio, no más fatídica que los cientos de miles que me robara, seria rechazar una sociedad con Ernie García, y otra con Bob Malone, para darle entrada a su hermano y a su concuño, un par de ladrones peor que él en el nivel de sus habilidades para traicionar. En estos momentos Ernie García es el hombre más rico del estado de Arizona con una fortuna de $7 billones, y Bob Malone un inversionista billonario y con todo el respaldo de un grupo de exitosos fondos de inversión en el estado de Colorado. No cabe duda de que mi exsocio tenía una gran habilidad para detectar y aprovechar las mejores oportunidades. 

 

En esa época, ese ladrón llamado, Luis Coppel, ya me debía en lo personal $170,000 dólares prestados para que saliera de sus ya graves problemas financieros personales. Esos problemas llegaban a tal nivel que los cheques sin fondos que soltara su mujer, a mis espaldas hablaba con la gerente del banco, que nos conocía, y le pedía que me los cargaran a mi cuenta. En la oficina del Banpacifico en Nogales, llevaba documentos que el fabricaba para que se los descontaran, y cuando los documentos se vencían, le pedía al gerente lo mismo, que los cargaran a mi cuenta. Eso solamente lo hacen, no solo hombres en apuros que necesitan llevar comida a su casa. Lo hacen hombres sin honor, sin dignidad, ladrones sin integridad.  

 

Unos días antes, solicitado por él, yo le había prestado a la compañía, que era de ambos, $250,000 dólares que, al entregarle los cheques, de inmediato me informaba que, a mis espaldas, él ya había formado otra sociedad y salía corriendo con mi dinero. Es decir, descaradamente me decía me estaba robando casi $450,000 dólares en una traición que había preparado durante mucho tiempo y jamás le pude cobrar. Y esos $450,000 a valores presentes deberían ser no menos de $1,500,000 de dólares. Eso fue lo que me robó este criminal llamado Luis Coppel que finge ser un hombre de bien. Eso , aparecía ante su nuevo staff de “profesionales” blandiendo mi dinero. Ese dinero que yo le había prestado a la compañía días antes y, cuando lo recibiera, esa rata no tenía ni un cinco en su bolsa.  

 

En esos momentos se iniciaba ese sentimiento de traición que me despojara de un dinero que yo estaba ahorrando para el futuro de mis hijas, un sentimiento que, por más que he fingido estar bien, me ha producido un profundo dolor durante tantos años. Y lo fingía pensando que, si yo callaba, este bandido tal vez me pagara algo. Pero no ha sido así, me robó y salió huyendo como lo hacen los cobardes. Pero, en estos momentos he decido que, lo que me pueda quedar de vida, lo voy a utilizar exhibiendo a este bandido y la gente sepa quién es en realidad. Porque ahora puedo decir él es el hombre más miserable que he conocido en mi vida. Sin duda el más deshonesto, el más traidor, el más inmoral, ladrón, el más cobarde. 

 

Ahora le quito ese disfraz y aparezca su verdadera naturaleza. Esa naturaleza que lo llevó a traicionar una amistad de toda la vida robando dinero que era de mis hijas y la única señal de algún tipo de reacción de este crimen, es cuando me llega a ver de inmediato desaparece casi corriendo 

 

 

 

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